Recolección de fotografías que brotan, a ritmo lento, del sentir de mi alma vegetativa ramificada en los paisajes arbóreos.

La naturaleza ama el ocultarse, sostenía el filósofo antiguo, pero nos hace señales.

Contemplar, mirar, enfocar la vista puede ser un modo ideal de captar sus formas múltiples y revelar su materia plena.

Hemos hecho del mundo imagen, arte y paisaje con el afán de poder percibir, interpretar, sentir lo que nos admira y asombra.

Los árboles son centros de la tierra que nos impulsan a trepar de lo terrestre a la región del aire y la luz. Puntos de reposo que nos iluminan y nos permiten vislumbrar las líneas de la vida evocando los ciclos y elementos naturales.

Anidemos en sus ramas para curar locuras y desmesuras.

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