En el principio la verdad pertenecía al sabio.

Después ese mundo de verdad
se hizo promesa para el sabio,
piadoso y virtuoso.

Y, al final, se consideró que
no era asequible, ni demostrable,
sólo pensable como Idea.

Idea que se volvió superflua
contaba el filósofo de la Aurora.

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